portada-arctic-monkeys-AMQuizá pueda parecer demasiado osado al decir esto, sobre todo para sus fans, pero hasta ahora Arctic Monkeys no habían demostrado nada. Ser el primer fenómeno musical nacido de las redes sociales, que todos sus discos hayan sido número uno en el Reino Unido o ser cabezas de cartel en los festivales más importantes del mundo desde su debut son logros importantes que dan fe de su popularidad, pero musicalmente estaban lejos de ser el grupo fundamental de rock que muchos querían que fueran. AM (Domino, 2013) cambia eso por completo. Tas ocho años y cinco discos, Arctic Monkeys han creado su primera chef d’œevre, la obra que podrán dejar como verdadero legado musical, más allá de cifras y estadísticas.

Y eso que el disco tiene la difícil tarea de sobrevivir a un comienzo demoledor. “Do I Wanna Know?”, primera canción de la cara A, es la canción con la que todo grupo de rock sueña: un riff de guitarra sencillo y pegadizo que se desliza por la canción, un ritmo no más complejo, la voz que actúa como contrapunto hasta que finalmente se une con batería y guitarra en el estribillo, que a partir de su segunda aparición se convierte en una orgía de coros y overdubs. Al acabar la canción y tras una breve lucha contra el impulso de volver al principio y escucharla otra vez, nos topamos con el juego de voz y guitarra de “R U Mine?” en la que Alex Turner bien podría hacerse pasar por Jack White, que nos hace pensar que el disco puede contener más sorpresas, como lo es sin duda que el siguiente tema, “One For The Road”, sea una canción llevada por un bajo a medio tiempo y los coros (de Josh Homme de Queens Of The Stone Age, que también colabora en “Knee Socks”), pero que no termina de arrancar, como sí lo hace “Arabella”, otro medio tiempo conducido por una simple línea de bajo que se ve alterado por unas guitarras à la Black Sabbath. El disco da una pequeña tregua con “I Want It All” y “No. 1 Party Anthem” una canción para cerrar discotecas que a pesar de lo evidente y facilón, acaba funcionando, seguramente porque en lugar de estar en el final del disco es solo el final de cara. Peor funciona “Mad Sounds”, canción de coro y pandereta que palidece por comparación ante la maravillosa “Fireside”, que mejora todavía más en su segunda estrofa con la participación a los teclados del productor James Ford. “Why’d You Only Call Me When You’re High”, que podía pasar por un reprise de “R U Mine?” podría haber acabado siendo algo más que un himno generacional de libro con un poco más de riesgo, como sí tiene “Knee Socks”. Y si “No. 1 Party Anthem” no terminaba el disco es porque “I Wanna Be Yours” sí que es un cierre perfecto para un álbum, a todos los niveles, melodía, coros y tempo sinuoso nos llevan hacia el final de este disco que va a quedar como uno de las obras importantes de este 2013.

Lo que empieza siendo un disco de guitarras, va derivando a un sonido donde el bajo de Nick O’Malley acaba tenindo mucha más relevancia, y donde el rock primitivo de los primeros cortes acaba transitando un terreno más cercano al rythm and blues y al soul. Canción tras canción va quedando claro el sentido del título del álbum. AM no sólo es un disco nocturno, con canciones furtivas de rock casi susurrado, sino que también reduce a Arctic Monkeys a sus componentes más esenciales, y les convierte, finalmente, en la banda de rock que aspiraban a ser.