– Por Carlos Fenollar

Algunas cosas funcionan y uno no sabe el motivo por el que lo hacen. En ocasiones, intentar averiguarlo implica que repentinamente dejen de hacerlo. Que ver a Hola a todo el mundo y a Triángulo de Amor Bizarro costara sólo 6 € es algo que cuesta entender, pero si con ese precio todos los actores que hacen posible el espectáculo ganan dinero, que nadie se pregunte dónde está el secreto y hablemos directamente de lo que pasó en el escenario.

Por equilibrio musical (y por contrato), el primer grupo en actuar fue Hola a Todo el Mundo. Se necesita calentamiento previo antes de ver a Triángulo y tras ellos se agradece cierta calma para digerir su actuación.

Hola a todo el mundo es un grupo que se lo pone fácil al público con unos ritmos que no necesitan traducción y donde los teclados, bajo y punteos de la guitarra suenan limpios. Tan limpios que en ocasiones podrías dudar de si esos intervalos que sonaban salían de la guitarra o de los teclados. Una banda pop folk amiga de la electrónica que poco a poco nos iba haciendo partícipes de su ambiente. Si alguien ayer dejó de prestarle atención por un instante a la música, era reconducido a ella con los elementos visuales como el uniforme de todos los miembros (camisas tropicales) que te transportaban a una isla con cocoteros, los golpes de cadera del cantante a la pista de baile y la manera de subir el mentón del bajista o arrugar el morro del cantante a ese “dejarse llevar” que pretendían. En caso de querer ponernos algo más profundos, con algunas canciones de menor intensidad algunos recordamos el disco “Dance into the light” de Phil Collins, aunque se disfrutó más cuando le daban velocidad a la música.

Es un grupo al que se puede ir a ver con esa persona que no está acostumbrada a ver música en directo. Lo pasará bien simplemente dejándose llevar.

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Probablemente ninguno de los adjetivos y descripciones escritas hasta ahora van a tener cabida para hablar de Triángulo de Amor Bizarro. Aparte de nombres llamativos, nada tienen en común ambas bandas.

Un concierto de Triángulo es el reflejo de su carrera: desde el minuto 1 ya están arriba, de cero a cien sin pasar por los noventa y nueve números que los separan. Un ciclón de sonido para que se les catalogue, entre otras muchas maneras, de banda noise rock (bendito noise). Demostraron estar en plena forma, nadie quiso quedarse atrás (ver al batería al fondo era una ilusión óptica, estaba dentro de los tímpanos de todo el mundo haciéndolos vibrar) y volvió a constatarse que el término “relajación” sigue siendo un desconocido para ellos. El vigor que había canción tras canción permitía convivir en paz y a la vez la mala hostia mostrada por Rodrigo Caamaño (voz y guitarra) con las sonrisas de Isabel Cea (voz y bajo). No descubrimos nada diciendo que es una de las mejores bandas nacionales en la actualidad.

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Al terminar el concierto hubo un parón hasta el tercer invitado de la noche (WAS Dj Set) pero muchos pensamos que tras Triángulo la noche no necesitaba más.