La propuesta que planteó la programación de Microsonidos para el pasado sábado en la sala REM de Murcia constó de dos conceptos antagónicos entre sí: por un lado, Monte Terror y un concepto musical muy específico que requiere de un cierto nivel de concentración para sacarle el máximo partido; por otro, Maga, mucho más popular y sencillo para el oído.

Monte Terror

Monte Terror fue el primer grupo en subirse al escenario y, durante los cuarenta minutos de su actuación, se pudo ver claramente cuánto ha crecido en su directo en el último año. Además, la sala ofrecía una acústica amable con su propuesta musical, necesaria para crear la atmósfera de distorsiones que cobija a sus canciones. No sólo sus temas requieren estar bajo dicha atmósfera, ya que al público también se le exigió introducirse en ella para apreciar todos los elementos que forman sus canciones. Ninguno de ellos destacó por encima de los demás pero todos encajaron con sentido. Monte Terror es capaz de transportarte lentamente a un determinado recuerdo para, una vez allí, romperlo con distorsiones y hacerlo desaparecer para siempre.

 

Con Maga todo fue más sencillo, lo cual no fue ninguna sorpresa porque ahí radica una de sus características principales: la sencillez de sus canciones. A ello se sumó la limpieza del sonido y voz (muy peculiar, muy aguda), palpable desde la primera canción del concierto, Domingo, que sonó igual que en el disco recién estrenado y cuyo título es Salto horizontal. Esa sensación se mantuvo durante toda la actuación.

Maga

No presentaban un disco más dentro de la extensa carrera del grupo, sino que se trataba del primer disco tras un parón voluntario de dos años. Y en su retorno mostraron ilusión por volver, explicando cómo nacieron cada una de las nuevas canciones del disco como De plata, en homenaje a ese mar que desde Sevilla no pueden tocar pero sí intuir río abajo. Igual hicieron antes de La casa en el número 3, canción protesta para recordar que en la antigua calle Velintonia de Madrid se encuentra en estado de abandono la casa donde vivió Vicente Aleixandre, por donde pasaron los poetas más importantes de lengua española del siglo XX.

 

A mitad del concierto toda la banda, a excepción de Miguel Rivera (voz y guitarra del grupo), abandonó el escenario para dar paso a Maryan Frutos (vocalista del grupo Kuve), que se encargó de poner voz (¡y qué voz!) a la canción Intentos de color mientras Miguel acompañaba a la guitarra. Realmente bello. Siguiendo esa estela más íntima, Miguel se bajó del escenario para cantar Esmeralda, acompañado al teclado por César Díaz.

Maga

Para el resto del concierto (Por las tardes en el frío de las tiendas, Cuando nadie me escriba, Báltico, …) retomaron su fórmula habitual para transmitir ese buen rollo y diversión que camuflan en ocasiones unas canciones que hablan de sensaciones menos optimistas. Al final, en los bises, Diecinueve, uno de sus temas más conocidos y versionados.

 

Una buena noche de contrastes.