Sacrificio y Salvación

Las religiones prometen a todos sus fieles, con el fin de que sigan a pies juntillas sus normas, protegerles de la insoportable levedad del ser, una vida plácida e, incluso, eterna. Entre esas normas a seguir hay un apartado de sacrificios donde a mayor sufrimiento, mayor recompensa, así como una serie de técnicas para soportar el dolor hasta conseguir la salvación. Esta última parte, la de sacrificio y salvación, fue la más presente entre los fieles que asistieron al concierto de la banda norteamericana SWANS en la sala Garaje Beat Club de Murcia.

Con la sala prácticamente llena y tras haber disfrutado de la telonera Baby Dee, que con su entrañable voz y un acordeón y acompañada por su sobrino a la guitarra (sabemos que era su sobrino porque lo dijo ella, somos consciente de que no aporta nada a la crítica en sí) dieron un espectáculo bello con canciones que bien podrían haber sido interpretadas en un cabaret berlinés.

Subieron al escenario todos los miembros de SWANS para dar comienzo al ritual. Un sample surgido de un sintetizador dio el pistoletazo de salida, invocando e invitando al resto de instrumentos a que fueran sumándose a la primera llamada mística de la noche. Hicieron falta más de 15 minutos para que todos los sonidos conectaran en un ejercicio de experimentación musical de alta intensidad. Dicha intensidad era tan alta como el volumen al que toca la banda, que sin duda puso en riesgo la salud auditiva de los presentes (salvo de los herejes que acudieron al concierto con tapones y algodón para los oídos) y sirve como ejemplo del sacrificio que tuvo que realizar el público.

Swans_Sergio Merka2Tras el inicio instrumental, Michael Gira (líder del grupo) comenzó a hacer uso de su voz, dejando claro quién era el chamán de la ceremonia, consiguiendo que no se quedara oculta entre el resto de instrumentos.

Apenas cupo un segundo para la relajación salvo para aquellos que consiguieron entrar en ese estado de éxtasis que debe haber tras el mundo SWANS. Y digo debe porque a algunos nos resultó imposible alcanzarlo. Un simple y lento punteo de guitarra hacía que te temblaran las entrañas. Una vez podías controlar dicho sonido, era el teclista quien te desconcentraba aumentando el ritmo al que presionaba las teclas. Si lograbas hacerte con ambos sonidos, la batería te alejaba del escenario con una furia animal, arrancándote de nuevo todo intento de control sobre la situación Y como punto de unión a todo ello, la voz predicadora de Gira cual reverendo, chamán, imán u otro tipo de predicador.

SWANS nos llevó a un lugar que no supimos reconocer, un lugar que para sus fieles fue la salvación que esperaban encontrar de su mano. Para el resto, ese lugar no nos resultó tan interesante como para abandonar nuestro ateísmo.

Texto: Carlos Fenollar / Foto: Sergio Mercader