Crónica del concierto de Tachenko, Alborotador Gomasio y Camellos en la sala 12 y medio.

Texto: Eva Quintana / Carlos Fenollar

El ciclo de conciertos Microsonidos nos convocó el pasado viernes en la sala 12 y medio para escuchar a Tachenko, Alborotador Gomasio y Camellos. Aunque muchos nos guiamos por el índice de popularidad para intuir el orden en el que actuaría cada banda, suponiendo que Tachenko serían los últimos en actuar, finalmente fue el tipo de concierto el que dio sentido a qué grupo tocaba antes y qué grupo tocaba después.

Los primeros en subirse al escenario fueron Tachenko, dado que el formato elegido para la ocasión fue acústico, siguiendo la estela del disco publicado el año pasado, “Misterios de la canción ligera”. Un concierto muy cercano, muy simple y cómodo para el espectador, en el que Sergio Vinadé y un Andrés Perruca fueron desgranando las canciones que les han acompañado estos últimos años y que en “Misterios de la canción ligera” las transformaron en temas más personales, más íntimos. Mostraron una sintonía en muchos aspectos, intercambiando el papel de voz y guitarra principal en cada tema con el de coros y guitarra rítmica sin que ninguna de las combinaciones pareciera insuficiente. Temas como “Nuestra especialidad”, “Sueños y relámpagos” y el tema “La pena capital”, primer single de su próximo disco, fueron un buen inicio de una velada que pronto empezaría a cambiar de piel. Como punto y final de la actuación de Tachenko sonó “Lourdes”, rescatada de la discografía de “El niño gusano”, poniendo un buen broche a la parte acústica de la noche.

El siguiente grupo en subirse al escenario fue Alborotador Gomasio, una banda que de principio a fin se movió por las aguas de lo eléctrico, el ruido y la intensidad. Una buena ejecución y una idea musical muy firme que no evitaron que nos quedáramos con ganas de un elemento diferenciador que terminara de cautivarnos. Quizá pasar de la actuación calmada de Tachenko a la apuesta tan potente de Alborotador Gomasio resultó perjudicial para estos últimos.

Para el final quedó el grupo Camellos, sin duda el que más nos hizo disfrutar en toda la noche. Una banda con una frescura de esas que alegran desde el minuto uno y que te hacen bailar lo quieras o no con un punk satírico que en ocasiones juega con el pop de los ochenta, con la psicodelia de los setenta y con el garage, todo ello con unas letras muy ácidas que radiografían a toda una sociedad y que, en el fondo, cuentan historias más reales de lo que uno podría imaginarse. Quienes ponen voz al grupo, Franki y Fer, cantan de esa manera que difícilmente podría encajar en otro género pero que tan bien queda con las canciones de Camellos, canciones que en la mayoría de casos son breves pero que enlazan sin necesidad de parar más de 15 segundos para secarse el sudor de la cara. Esa frescura, esa sensación de que están haciendo lo que les da la gana hacer y de que se lo están pasando muy bien sobre el escenario nos recordó inevitablemente a nuestros queridos Perro, lo cual debe ser razón más que suficiente para que no os los perdáis la próxima vez que visiten nuestra ciudad.